Una calle, una historia Una calle, una historia Cada mañana, mientras Blanquita camina feliz junto a don Ernesto por el parque lineal del barrio, sus orejas se mueven como antenitas al ritmo de las nuevas aventuras. Hoy, sin embargo, algo diferente llamó su atención: un fuerte ruido metálico y el ronroneo profundo de una retroexcavadora al otro lado de la avenida. Bajo su casco amarillo y tras unas gafas empolvadas, Edwin maniobraba con cuidado entre montículos de tierra y señales de desvío. Con apenas 34 años, Edwin es más que un operador de maquinaria pesada: es padre de dos niñas curiosas, esposo de Maritza —la reina de su pequeño hogar— y el mejor amigo de un gato naranja llamado Momo, que lo espera cada noche en la ventana. Para Edwin, cada calle que repara no es solo asfalto: es una promesa. Sabe que detrás de cada zanja abierta hay vecinos que quieren volver a dormir tranquilos sin sobresaltos ni charcos; niños que ansían pedalear sin...